Reflexión sobre la calidad de la educación

En todos los tiempos ha prevalecido entre  los docentes una inquietante razonable y genuina duda por la calidad de nuestro trabajo, al intentar que nuestros alumnos aprendieran actitudes, habilidades y nuevos conocimientos.

Quizás cada vez más estamos haciendo mayor hincapié en estos últimos. Y claro está, la mayor satisfacción como profesores era que los aprendieran. Pero, ¿acaso ha sido más dificultoso y complicado el poder valorar si los aprendían correctamente; si los integraban con calidad, es decir si los aprendían realmente?

Muchos nos hemos preguntado qué era eso de aprender bien y, algunos a veces, hemos confundido el aprender con el simplemente “retener”, mecánicamente, lo que intentábamos enseñarles. Hoy son ya muy pocos los profesores que identifican lo que se “aprende” con lo que se “enseña”. Pero, ¿se ha hecho una revisión profunda sobre si el aprendizaje actual de lo que enseñamos es eficaz, aplicable, validado en el tiempo, personalmente reconstruido; si ha desarrollado y ampliado el espacio cognitivo y enriquecido las capacidades intelectuales de los jóvenes…., es decir si ha sido de calidad suficiente?

Ciertamente la “globalización” está exigiendo, más que en épocas anteriores, mayor autenticidad de los aprendizajes, o al menos “otra calidad” distinta, cada vez de mayor  profundidad y cobertura. Históricamente, la exigencia de calidad ha ido evolucionando en los últimos siglos. Por todo lo antes dicho habrá que revisar, año tras año, generación tras generación, si realmente nuestros alumnos aprenden hoy lo que queremos enseñarles; cómo lo aprenden y sobre todo qué es eso de aprender con calidad.

Porque sería lamentable que descubriéramos que estamos perdiendo el tiempo, que despilfarramos nuestros esfuerzos y el de nuestros jóvenes, ya que el fin último de nuestra tarea es que aprendan de verdad. Incluso podríamos  estar engañándonos a nosotros mismos, creyendo que aprendían todo lo que les “enseñábamos”.

Por: Dr. Juan Castillo

Las opiniones publicadas son responsabilidad del autor. No necesariamente del gremio.

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