Pandemia muestra las desigualdades del acceso a la educación virtual (Opinión)

Ante el inesperado avance del COVID-19 y su contagio a nivel mundial, una de las primeras medidas recae directamente en los salones de clases.

De un día para otro, los aproximadamente 800,000 estudiantes que hay en Panamá, según datos del Ministerio de Educación, se quedaban en casa.

Y junto a ese cerco educativo surgen dudas, y algunos miedos, sobre cómo dar respuesta a los alumnos y continuar con el proceso de enseñanza – aprendizaje sin su presencia en las aulas. 

Resurge el uso de la Internet como alternativa en las plataformas virtuales a la educación presencial, anunciado por el Ministerio de Educación, credibilidad que durante muchos años se le ha negado como medio de formación pedagógica y tecnológica en el ámbito educativo y cuyo uso se debía limitar a escasas actividades en línea.

El campo de la Internet abre un sinfín de posibilidades para un desarrollo pleno del proceso educativo de los estudiantes, pero se logrará muy poco, ya que desde 1992 existe la ley 2, que dice en uno de sus artículos que debe enseñarse la informática como una asignatura y además el año pasado, 2019, se objetó la 749, que mejoraba la ley 2. 

No se ha prestado atención a la asignatura de informática como materia en los planes de estudio. No existe. 

En tales circunstancias del COVID-19, los docentes panameños iniciaron las primeras clases ‘online’, contando con su interés y su creatividad, queriendo hacer las cosas bien, a pesar de que nunca habían trabajado en la docencia con un entorno fuera del presencial.

Ante el cambio de paradigma, anunciado por el Ministerio de Educación, surgen nuevas dudas razonables donde lo académico pasa a un segundo plano y toma importancia las desigualdades que esta nueva crisis está provocando. 

Cada centro educativo ha establecido su propio plan de actuación, y que limitan su proceso de adaptación.

Los centros educativos con más recursos logran adaptarse a la nueva crisis y mantener, aunque sea de una manera distinta a la habitual, un ritmo aparente de clases, tareas y exámenes, mientras otros esperan el retorno de clases presenciales, quedándose atrás.

Aparece la primera desigualdad que impide el avance de la misma manera y al mismo ritmo.

¿Qué van a hacer los estudiantes que no tienen acceso a plataformas en línea o en la Internet?

Ante esta realidad, tienen un muro difícil de derribar porque si miramos la situación económica, tecnológica y características individuales, se hace imposible la educación virtual. 

No sabemos con estadísticas exactas si los hogares panameños tienen acceso a servicios de Internet, y se le priva a los más desfavorecidos poder continuar con el aprendizaje curricular.

A nivel tecnológico, no todos los hogares cuentan con computadoras adecuadas o suficientes(muchos tienen una para toda la familia, incluso ninguna), ni con equipos de impresión, escáners para poder realizar todas las tareas que se pueden exigir.

Se agrava más aún donde no ha existido la enseñanza de la informática en las escuelas, con formación científica y tecnológica, y donde los padres no tienen experiencia alguna para ayudar en casa a sus hijos.

Hay que tener en cuenta que muchos docentes se han tenido que poner al día, en tiempo récord, en el manejo de herramientas educativas para la enseñanza virtual.

La brecha tecnológica se ha hecho más evidente que nunca.

Aun así, podemos encontrar una oportunidad para fomentar la tan deseada y necesaria competencia de aprender a aprender, de ser autónomos en sus tareas y de ser responsables de su propio proceso de aprendizaje.

Y después del virus, ¿qué? A partir de ahora hay un cambio social y educativo mucho más profundo. 

El mundo de la conectividad digital seguirá adquiriendo su posición para no irse de nuestras vidas.

La educación en línea no consiste en adaptar de forma improvisada el contenido educativo a plataformas virtuales para que los alumnos puedan enviar sus tareas y exámenes.

La enseñanza virtual requiere de un conjunto de diseños instruccionales, pedagógicos, de recursos tecnológicos para asegurar que el estudiante esté acompañado en todo su proceso de aprendizaje, que cuente con los apoyos adecuados, con la experiencia y preparación necesarias para ofrecerle recursos de calidad, trabajo en equipo entre docentes y estudiantes con un sólido modelo educativo y pedagógico para que cada familia acepte continuar con el aprendizaje en otro entorno educativo.

Autor: Rangel León. Profesor de Informática.

Imagen de archivo.

Las opiniones publicadas son responsabilidad del autor. No necesariamente del gremio.

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